viernes, 7 de mayo de 2010

Hans Küng. Carta abierta a los obispos católicos de todo el mundo

15 Abril 2010


Hans Küng es un Teólogo muy controvertido dentro de la iglesia católica. Junto con Ratzinger, fueron los teólogos más jóvenes del Concilio del Vaticano II. Los dos han coincidido en la Universidad Tubingia, donde han estudiado o impartido clases importantes políticos (Horst Köhler , presidente de alemania), poetas (Friedrich Hölderlin), filósofos (Friedrich Schelling y Georg Wilhelm Friedrich Hegel) y representantes de las dos grandes iglesias en alemania: protestantes (Ferdinand Christian Baur) y católicos (Joseph Ratzinger).

Hans Kúng siempre ha estado en contra de la autarquía papal y a favor de aplicar la renovaciónes el concilio, cosa que Ratzinger ha hecho caso omiso. En su momento Hans Kúng se le prohibio dar clases por su pensamiento. Si la Iglesia (y con iglesia me refiero al grupo de poder) dejara de pensar como en el medievo y permitieran a teólogos como Hans hablar hablar, quizá les fuera de otra manera, pero claro ellos se creen los representantes de Dios en la tierra. Y mucha culpa la tiene quienes les siguen, aquellos que se creen cristianos de verdad, los que dicen tener la verdad y no respetan a los demas, aquellos que siguen a alguna congregación o secta dentro de la Iglesia, de las cuales ahora se ponen en entre dicho con la actitud asquerosa y deplorable de sus cabecillas.

HANS KÜNG Carta abierta a los obispos católicos de todo el mundo 15/04/2010

Estimados obispos,


Joseph Ratzinger, ahora Benedicto XVI, y yo fuimos entre 1962 - 1965 los dos teólogos más jóvenes del concilio. Ahora, ambos somos los más ancianos y los únicos que siguen plenamente en activo. Yo siempre he entendido también mi labor teológica como un servicio a la Iglesia. Por eso, preocupado por esta nuestra Iglesia, sumida en la crisis de confianza más profunda desde la Reforma, os dirijo una carta abierta en el quinto aniversario del acceso al pontificado de Benedicto XVI. No tengo otra posibilidad de llegar a vosotros.


Aprecié mucho que el papa Benedicto, al poco de su elección, me invitara a mí, su crítico, a una conversación de cuatro horas, que discurrió amistosamente. En aquel momento, eso me hizo concebir la esperanza de que Joseph Ratzinger, mi antiguo colega en la Universidad de Tubinga, encontrara a pesar de todo el camino hacia una mayor renovación de la Iglesia y el entendimiento ecuménico en el espíritu del Concilio Vaticano II.

Mis esperanzas, y las de tantos católicos y católicas comprometidos, desgraciadamente no se han cumplido, cosa que he hecho saber al papa Benedicto de diversas formas en nuestra correspondencia. Sin duda, ha cumplido concienzudamente sus cotidianas obligaciones papales y nos ha obsequiado con tres útiles encíclicas sobre la fe, la esperanza y el amor. Pero en lo tocante a los grandes desafíos de nuestro tiempo, su pontificado se presenta cada vez más como el de las oportunidades desperdiciadas, no como el de las ocasiones aprovechadas:

- Se ha desperdiciado la oportunidad de un entendimiento perdurable con los judíos: el Papa reintroduce la plegaria preconciliar en la que se pide por la iluminación de los judíos y readmite en la Iglesia a obispos cismáticos notoriamente antisemitas, impulsa la beatificación de Pío XII y sólo se toma en serio al judaísmo como raíz histórica del cristianismo, no como una comunidad de fe que perdura y que tiene un camino propio hacia la salvación. Los judíos de todo el mundo se han indignado con el predicador pontificio en la liturgia papal del Viernes Santo, en la que comparó las críticas al Papa con la persecución antisemita.

- Se ha desperdiciado la oportunidad de un diálogo en confianza con los musulmanes; es sintomático el discurso de Benedicto en Ratisbona, en el que, mal aconsejado, caricaturizó al islam como la religión de la violencia y la inhumanidad, atrayéndose así la duradera desconfianza de los musulmanes.

- Se ha desperdiciado la oportunidad de la reconciliación con los pueblos nativos colonizados de Latinoamérica: el Papa afirma con toda seriedad que estos "anhelaban" la religión de sus conquistadores europeos.

- Se ha desperdiciado la oportunidad de ayudar a los pueblos africanos en la lucha contra la superpoblación, aprobando los métodos anticonceptivos, y en la lucha contra el sida, admitiendo el uso de preservativos.

- Se ha desperdiciado la oportunidad de concluir la paz con las ciencias modernas: reconociendo inequívocamente la teoría de la evolución y aprobando de forma diferenciada nuevos ámbitos de investigación, como el de las células madre.

- Se ha desperdiciado la oportunidad de que también el Vaticano haga, finalmente, del espíritu del Concilio Vaticano II la brújula de la Iglesia católica, impulsando sus reformas.


Este último punto, estimados obispos, es especialmente grave. Una y otra vez, este Papa relativiza los textos conciliares y los interpreta de forma retrógrada contra el espíritu de los padres del concilio. Incluso se sitúa expresamente contra el concilio ecuménico, que según el derecho canónico representa la autoridad suprema de la Iglesia católica:

- Ha readmitido sin condiciones en la Iglesia a los obispos de la Hermandad Sacerdotal San Pío X, ordenados ilegalmente fuera de la Iglesia católica y que rechazan el concilio en aspectos centrales.

- Apoya con todos los medios la misa medieval tridentina y él mismo celebra ocasionalmente la eucaristía en latín y de espaldas a los fieles.

- No lleva a efecto el entendimiento con la Iglesia anglicana, firmado en documentos ecuménicos oficiales (ARCIC), sino que intenta atraer a la Iglesia católico-romana a sacerdotes anglicanos casados renunciando a aplicarles el voto de celibato.

- Ha reforzado los poderes eclesiales contrarios al concilio con el nombramiento de altos cargos anticonciliares (en la Secretaa de Estado y en la Congregación para la Liturgia, entre otros) y obispos reaccionarios en todo el mundo.

El Papa Benedicto XVI parece alejarse cada vez más de la gran mayoría del pueblo de la Iglesia, que de todas formas se ocupa cada vez menos de Roma y que, en el mejor de los casos, aún se identifica con su parroquia y sus obispos locales.

Sé que algunos de vosotros padecéis por el hecho de que el Papa se vea plenamente respaldado por la curia romana en su política anticonciliar. Esta intenta sofocar la crítica en el episcopado y en la Iglesia y desacreditar por todos los medios a los críticos. Con una renovada exhibición de pompa barroca y manifestaciones efectistas cara a los medios de comunicación, Roma trata de exhibir una Iglesia fuerte con un "representante de Cristo" absolutista, que reúne en su mano los poderes legislativo, ejecutivo y judicial.


Sin embargo, la política de restauración de Benedicto ha fracasado. Todas sus apariciones públicas, viajes y documentos no son capaces de modificar en el sentido de la doctrina romana la postura de la mayoría de los católicos en cuestiones controvertidas, especialmente en materia de moral sexual. Ni siquiera los encuentros papales con la juventud, a los que asisten sobre todo agrupaciones conservadoras carismáticas, pueden frenar los abandonos de la Iglesia ni despertar más vocaciones sacerdotales.

Precisamente vosotros, como obispos, lo lamentaréis en lo más profundo: desde el concilio, decenas de miles de obispos han abandonado su vocación, sobre todo debido a la ley del celibato. La renovación sacerdotal, aunque también la de miembros de las órdenes, de hermanas y hermanos laicos, ha caído tanto cuantitativa como cualitativamente. La resignación y la frustración se extienden en el clero, precisamente entre los miembros más activos de la Iglesia. Muchos se sienten abandonados en sus necesidades y sufren por la Iglesia. Puede que ese sea el caso en muchas de vuestras diócesis: cada vez más iglesias, seminarios y parroquias vacíos. En algunos países, debido a la carencia de sacerdotes, se finge una reforma eclesial y las parroquias se refunden, a menudo en contra de su voluntad, constituyendo gigantescas "unidades pastorales" en las que los escasos sacerdotes están completamente desbordados.

Y ahora, a las muchas tendencias de crisis todaa se añaden escándalos que claman al cielo: sobre todo el abuso de miles de niños y jóvenes por clérigos -en Estados Unidos, Irlanda, Alemania y otros países- ligado todo ello a una crisis de liderazgo y confianza sin precedentes. No puede silenciarse que el sistema de ocultamiento puesto en vigor en todo el mundo ante los delitos sexuales de los clérigos fue dirigido por la Congregación para la Fe romana del cardenal Ratzinger (1981-2005), en la que ya bajo Juan Pablo II se recopilaron los casos bajo el más estricto secreto. Todaa el 18 de mayo de 2001, Ratzinger enviaba un escrito solemne sobre los delitos más graves (Epistula de delitos gravioribus) a todos los obispos. En ella, los casos de abusos se situaban bajo elsecretum pontificium, cuya vulneración puede atraer severas penas canónicas. Con razón, pues, son muchos los que exigen al entonces prefecto y ahora Papa un mea culpa personal. Sin embargo, en Semana Santa ha perdido la ocasión de hacerlo. En vez de ello, el Domingo de Ramos movió al decano del colegio cardenalicio a levantar urbi et orbe testimonio de su inocencia.

Las consecuencias de todos estos escándalos para la reputación de la Iglesia católica son devastadoras. Esto es algo que también confirman ya dignatarios de alto rango. Innumerables curas y educadores de jóvenes sin tacha y sumamente comprometidos padecen bajo una sospecha general. Vosotros, estimados obispos, debéis plantearos la pregunta de cómo habrán de ser en el futuro las cosas en nuestra Iglesia y en vuestras diócesis. Sin embargo, no querría bosquejaros un programa de reforma; eso ya lo he hecho en repetidas ocasiones, antes y después del concilio. Sólo querría plantearos seis propuestas que, es mi convicción, serán respaldadas por millones de católicos que carecen de voz.


1. No callar: en vista de tantas y tan graves irregularidades, el silencio os hace cómplices. Allí donde consideréis que determinadas leyes, disposiciones y medidas son contraproducentes, deberíais, por el contrario, expresarlo con la mayor franqueza. ¡No enviéis a Roma declaraciones de sumisión, sino demandas de reforma!

2. Acometer reformas: en la Iglesia y en el episcopado son muchos los que se quejan de Roma, sin que ellos mismos hagan algo. Pero hoy, cuando en una diócesis o parroquia no se acude a misa, la labor pastoral es ineficaz, la apertura a las necesidades del mundo limitada, o la cooperación mínima, la culpa no puede descargarse sin más sobre Roma. Obispo, sacerdote o laico, todos y cada uno han de hacer algo para la renovación de la Iglesia en su ámbito vital, sea mayor o menor. Muchas grandes cosas en las parroquias y en la Iglesia entera se han puesto en marcha gracias a la iniciativa de individuos o de grupos pequeños. Como obispos, debéis apoyar y alentar tales iniciativas y atender, ahora mismo, las quejas justificadas de los fieles.

3. Actuar colegiadamente: tras un vivo debate y contra la sostenida oposición de la curia, el concilio decretó la colegialidad del Papa y los obispos en el sentido de los Hechos de los Apóstoles,donde Pedro tampoco actuaba sin el colegio apostólico. Sin embargo, en la época posconciliar los papas y la curia han ignorado esta decisión central del concilio. Desde que el papa Pablo VI, ya a los dos años del concilio, publicara una encíclica para la defensa de la discutida ley del celibato, volvió a ejercerse la doctrina y la política papal al antiguo estilo, no colegiado. Incluso hasta en la liturgia se presenta el Papa como autócrata, frente al que los obispos, de los que gusta rodearse, aparecen como comparsas sin voz ni voto. Por tanto, no deberíais, estimados obispos, actuar solo como individuos, sino en comunidad con los demás obispos, con los sacerdotes y con el pueblo de la Iglesia, hombres y mujeres.

4. La obediencia ilimitada sólo se debe a Dios: todos vosotros, en la solemne consagración episcopal, habéis prestado ante el Papa un voto de obediencia ilimitada. Pero sabéis igualmente que jamás se debe obediencia ilimitada a una autoridad humana, solo a Dios. Por tanto, vuestro voto no os impide decir la verdad sobre la actual crisis de la Iglesia, de vuestra diócesis y de vuestros países. ¡Siguiendo en todo el ejemplo del apóstol Pablo, que se enfrentó a Pedro y tuvo que "decirle en la cara que actuaba de forma condenable" (Gal 2, 11)! Una presión sobre las autoridades romanas en el espíritu de la hermandad cristiana puede ser legítima cuando estas no concuerden con el espíritu del Evangelio y su mensaje. La utilización del lenguaje vernáculo en la liturgia, la modificación de las disposiciones sobre los matrimonios mixtos, la afirmación de la tolerancia, la democracia, los derechos humanos, el entendimiento ecuménico y tantas otras cosas sólo se han alcanzado por la tenaz presión desde abajo.

5. Aspirar a soluciones regionales: es frecuente que el Vaticano haga oídos sordos a demandas justificadas del episcopado, de los sacerdotes y de los laicos. Con tanta mayor razón se debe aspirar a conseguir de forma inteligente soluciones regionales. Un problema especialmente espinoso, como sabéis, es la ley del celibato, proveniente de la Edad Media y que se está cuestionando con razón en todo el mundo precisamente en el contexto de los escándalos por abusos sexuales. Una modificación en contra de la voluntad de Roma parece prácticamente imposible. Sin embargo, esto no nos condena a la pasividad: un sacerdote que tras madura reflexión piense en casarse no tiene que renunciar automáticamente a su estado si el obispo y la comunidad le apoyan. Algunas conferencias episcopales podrían proceder con una solución regional, aunque sería mejor aspirar a una solución para la Iglesia en su conjunto. Por tanto:

6. Exigir un concilio: así como se requirió un concilio ecuménico para la realización de la reforma litúrgica, la libertad de religión, el ecumenismo y el diálogo interreligioso, lo mismo ocurre en cuanto a solucionar el problema de la reforma, que ha irrumpido ahora de forma dramática. El concilio reformista de Constanza en el siglo previo a la Reforma acordó la celebración de concilios cada cinco años, disposición que, sin embargo, burló la curia romana. Sin duda, esta haahora cuanto pueda para impedir un concilio del que debe temer una limitación de su poder. En todos vosotros está la responsabilidad de imponer un concilio o al menos un sínodo episcopal representativo.

La apelación que os dirijo en vista de esta Iglesia en crisis, estimados obispos, es que pongáis en la balanza la autoridad episcopal, revalorizada por el concilio. En esta situación de necesidad, los ojos del mundo están puestos en vosotros. Innúmeras personas han perdido la confianza en la Iglesia católica. Para recuperarla sólo valdrá abordar de forma franca y honrada los problemas y las reformas consecuentes. Os pido, con todo el respeto, que contribuyáis con lo que os corresponda, cuando sea posible en cooperación con el resto de los obispos; pero, si es necesario, también en solitario, con "valentía" apostólica (Hechos 4, 29-31). Dad a vuestros fieles signos de esperanza y aliento y a nuestra iglesia una perspectiva.

Os saluda, en la comunión de la fe cristiana, Hans Küng

Cura del Alma

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Cristián Warnken

Jueves 29 de Abril de 2010


Cura del alma


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Hay curas y curas. La palabra Sorge en alemán significa “cura”, cuidado. Hay curas que sanan y otros, en cambio, que enferman y envenenan lo que se les entregó para cuidar y curar. El abismo que separa a los unos de los otros es el mismo que el que separa la luz de la oscuridad, el mal del bien.

Están los curas de pueblo, bonachones y campechanos, cuya fe está cerca de la tierra (y, por eso, tal vez también del cielo) y con los cuales se puede tomar el vino consagrado en una rústica mesa familiar.

Está también la categoría de los curas de prédica aburrida y ramplona, que lo hacen a uno bostezar en misa, incluso cuando están hablando de los misterios más hermosos y elevados. Ellos no hacen el mal, sólo aburren. Hacen los domingos más tristes de lo que ya lo son.

En sus antípodas están los curas de retórica incendiaria, de carisma fuerte. Son atractivos, pero en esa misma atracción reside un peligro: algunos usan su especial energía y retórica contagiosa para generar incondicionalidades enfermizas y acríticas en fieles ávidos de alguien que les administre la vida interior. Y eso pasa porque el católico medio es muchas veces ignorante de su propia fe, flojo: no lee, no profundiza, prefiere que se le entregue un pan digerido, una papilla espiritual, que otros piensen por él. Para fieles así, es muy difícil distinguir la cizaña del trigo. El límite entre alguien tocado por el espíritu santo y un psicópata o pervertido es muy tenue, y la historia humana (y no sólo la de la Iglesia) está llena de ese tipo de impostores.

Tanto daño pueden hacer, que uno tiende a preferir incluso la fe tibia, “FOME” del sacerdote ramplón. Es cierto que ha habido “personalidades” apasionadas en la Iglesia, pero esos son un San Pablo o una Santa Teresa de Ávila, tan excepcionales como escasos y de otro nivel que los “santos” falsarios que hoy ocupan las páginas amarillas de los diarios del mundo. Qué duro ha sido desvestir esos “santos”, y qué doloroso está siendo para muchos creyentes de buena fe darse cuenta de que a los que veneraban eran, en realidad, asesinos de almas en serie.

Yo quiero rendir un homenaje, en esta hora de decepciones tan hondas, a los sacerdotes que “curan” el alma. Ellos no exigen una adhesión patológica: dan (sin esperar nada a cambio) amor y sabiduría, lo único esencial que necesitamos para cruzar en paz este valle de lágrimas. Los curas del alma, cuando predican la verdad, lo hacen sin estridencias, hasta con cierto pudor, no dejando espacios para peligrosos cultos a la personalidad.

Beltrán Villegas es uno de ellos. Experto bíblico, traductor de los salmos, nos traspasó su amor a la hermosa lengua hebrea, enseñó a muchos de mi generación a leer la Biblia con gozo e inteligencia literaria. Él nos hizo descubrir que Cristo era un poeta, y que la duda enriquece una fe sana. A él le hice las preguntas más difíciles, de él aprendí que ser católico no significa tapar el duro vacío que somos con comodines tramposos. Su manera exquisita de predicar era escuchar y dialogar sin límites. Por sacerdotes refinados intelectual y espiritualmente como él, que respetan la libertad y la intimidad sagrada de sus fieles, la Iglesia superará esta amarga crisis.

Una canción de Sui Generis, “¿Dónde está Dios, dime quién me lo robó?”, resume la pregunta lacerante de las víctimas de los abusos, pregunta que ha golpeado y emocionado al mismo Papa. Al contar su verdad, ellos están dando testimonio de un coraje interior que les ha faltado a quienes —desde las jerarquías locales— debieron acelerar los procesos de investigación todavía inexplicablemente inconclusos. Jesús está llorando en esta hora, su santa faz tiene vergüenza cuando mira a la cara a sus “representantes” en la tierra: nada lo violentaba más que la cobardía y el fariseísmo. Yo recuerdo, en cambio, la sonrisa sabia bajo una barba rala y los ojos limpios de Beltrán Villegas.

jueves, 29 de abril de 2010

¿Qué pensará Longueira?

El Sistema de Servicio Civil y Alta Dirección Pública (ADP) nació como resultado de la mayor crisis política registrada durante los gobiernos de la Concertación. Sumido en los escándalos provocados por los denominados casos de sobresueldos, coimas y MOP GATE (todos de distinta naturaleza y gravedad), el gobierno logró hacer de lo que parecía una crisis terminal (recordemos a Ascanio Cavallo) una oportunidad para modernizar el Estado.

La oportunidad no habría cristalizado de ninguna manera sin el compromiso político del Senador Longueira. Probablemente visualizando un espacio para mostrar a la derecha como alternativa efectiva de gobierno, capaz de administrar los asuntos importantes del Estado y no sólo de hacer oposición, Longueira escogió llegar a un acuerdo que no sólo viabilizó la reforma sino además rescató al gobierno de las profundidades en que se encontraba.

La coalición de Longueira está hoy en el gobierno. En un mes y medio han deslegitimado el sistema que promovieron y ayudaron a crear. Pese a hacer campaña bajo el slogan de "gobernar con los mejores" y respetar la función pública, en pocas semanas han pedido la renuncia, con total independencia de cualquier evaluación técnica, a un número significativo de directivos elegidos según ADP. Lo han hecho pese a que esas designaciones se produjeron siendo la actual Directora de Presupuestos y la principal asesora del Presidente miembros del Consejo de la ADP. Aún más, la principal asesora del Presidente se mantiene hasta hoy en el Consejo - con renuncia pendiente para hacerse efectiva - demostrando que la independencia de éste no es algo en lo que crean.

El gobierno de quienes se mostraban indignados con los "operadores políticos", no titubea en desvalorizar una de las principales modernizaciones que el Estado de Chile tuvo en 50 años, para poder instalar a sus "operadores políticos".

¿Qué pensará Longueira de ésto?


miércoles, 21 de abril de 2010

Alta Dirección Pública y Publicidad Engañosa

Sebastián Piñera hizo campaña argumentando que el suyo sería "el gobierno de los mejores", que contaba con la mejor gente y que conduciría los asuntos públicos de mucho mejor manera que una Concertación que denunciaba como agotada.

Dicha promesa ha chocado, primero, con una enorme dificultad para encontrar las personas necesarias para cumplir funciones públicas. Da la impresión que los salarios públicos, hasta ahora considerados excesivos, no eran consistentes con la vocación de servicio público de la derecha. Luego, la excelencia ha chocado con una primera línea de autoridades, incluyendo al Presidente de la República, que brillan por la presencia de conflictos de interés entre sus actividades privadas y su actual condición de servidores públicos.

Lamentablemente, la guinda de la torta parece dada ahora por la anemia en que parece encontrarse el sistema de Alta Dirección Pública. Creado durante la administración Lagos a través de un acuerdo con la oposición, el sistema tiene como responsabilidad nombrar a la mayoría de los funcionarios públicos responsables de conducir servicios y departamentos de gran relevancia para la administración del Estado.

Pues bien, el Consejo a cargo de la Alta Dirección Pública hoy se encuentra acéfalo. Su presidenta renunció en marzo. Otra consejera renunció para asumir como Directora de Presupuestos. Una tercera consejera alterna sus funciones en el Consejo con la jefatura de la oficina de asesores del Presidente (una rara manera de garantizar la independencia en el ejercicio de sus funciones) y un cuarto consejero está pronto a vencer su período sin que se cuente con reemplazante hasta la fecha.

Convengámoslo. La oferta de mérito y excelencia en la Administración Pública tiene cada vez más aroma a publicidad engañosa.


Responsabilidad Penal de las Empresas

Ignacio Castillo explica muy bien el sentido de establecer la responsabilidad penal de las empresas, así como las limitaciones de esta figura en la forma en que ha sido recientemente introducida en nuestra legislación.

lunes, 5 de abril de 2010

El Sentido de lo Público

Mi gran amigo el abogado y comunicador dominicano, José Carlos Nazario, recuerda en este artículo de El País el valor del denominado "consenso social demócrata" y el sentido de lo público. Aún cuando Judt pueda equivocar algunos derroteros, siempre he creído que el testimonio del hombre que se aproxima a la muerte debe ser escuchado. Esta no es la excepción.

viernes, 29 de enero de 2010

Revista Capital - Especial Elecciones 2010 "Piñera en la Encrucijada"

El manejo de las expectativas: La lección de Brunelleschi

Artículo correspondiente al 29 de enero de 2010 (http://www.capital.cl/reportajes-y-entrevistas/corre-piñera-corre-12.html)

Las presiones y tensiones del primer año de mandato serán significativas

Se afirma que fue el pintor florentino Filippo Brunelleschi quien, en las primeras décadas del siglo XV, incorporó la perspectiva en la pintura. Todos sentían la carencia, nadie había sido capaz de definirla. Con esta invención clave, el espectador adquiere una mirada privilegiada que recoge en su complejidad y verdadera dimensión la escena que contempla.

Perspectiva es, precisamente, la virtud que con más fuerza requerirá Sebastián Piñera.

En primer lugar, perspectiva para comprender que esto no es sobre el “año uno”, sino que más bien sobre el “año cuatro”. Las presiones y tensiones del primer año de mandato serán significativas. En esos momentos, la tentación recurrente consistirá en evitar conflictos, esquivar las decisiones difíciles y procurar mantener altos niveles de aprobación.

Sería un error.

La experiencia indica que es el inicio del mandato el momento para asumir las decisiones más difíciles, cuando se cuenta con más aprobación y los ciudadanos comprenden que sus autoridades viven un proceso de aprendizaje. El capital político hay que utilizarlo con inteligencia en el momento en que se dispone de él. Luego se diluye. Esa convicción es la que llevó a Aylwin a aceptar el consejo de su ministro Foxley e impulsar al inicio de su mandato una reforma tributaria que obviamente sería muy resistida. Aceptó arriesgar su capital político y logró el financiamiento que luego sería indispensable para la estrategia de crecimiento con equidad que cambiaría la cara de Chile.

La perspectiva exige identificar con claridad los ámbitos en los que se juega el éxito del mandato. Pero también demanda la serenidad y el coraje necesarios para resistir los cantos de sirena que, con el argumento de proteger el capital político, no hacen más que privar de él en el largo plazo.

Piñera también requerirá perspectiva para construir una relación constructiva con la oposición. La Concertación y sus aliados fueron derrotados, pero aún así representan prácticamente a la mitad de la población y controlan la mitad del Congreso. No hay éxito para el gobierno si sus relaciones con la futura oposición quedan marcadas por el sino del enfrentamiento. Desafortunadamente, no será fácil evitar este riesgo después de que Andrés Allamand invirtiera tanto tiempo y energía en desandar el camino de la democracia de los acuerdos para instalar la lógica de la oposición del desalojo. Siembra vientos…

Tampoco ayudará el embarcarse en niñerías como el intento fallido por sumar a los radicales en la mesa de la Cámara de Diputados. Cuando la Concertación pactó con la UDI en 1990 para definir las mesas de la Cámara y el Senado, lo hizo con el partido más duro de la oposición y aquel que contaba con el liderazgo más pragmático. Pactó porque entendió que sin acuerdos estructurantes como aquel no habría ni gobernabilidad ni cumplimiento del programa.

Es obvio que el episodio con los radicales se ubica en una sintonía muy distinta.

Perspectiva requerirá finalmente el nuevo presidente para resolver, alguna vez, la cuestionada relación que ha construído entre política y negocios. Con franqueza, en cualquier democracia desarrollada habría sido un escándalo un episodio como el de las alzas en el valor de las acciones su propiedad ocurrido inmediatamente después de ser electo.

Desconozco la solución que encontrará el presidente electo para resolver esta situación, pero no es necesario conocer los secretos del Tarot para anticipar que estamos frente al talón de Aquiles presidencial, y que salvo que Piñera entienda la sensibilidad del tema y actúe en consecuencia, nos encontraremos más temprano que tarde debatiendo sobre lo mismo.

Si Piñera me preguntara le sugeriría aprender de Brunelleschi.

lunes, 25 de enero de 2010

Reconocen violación de derechos de carabineros y sus esposas

Diario La Nación
Jueves 21 de Enero 2010
http://www.lanacion.cl/reconocen-violacion-de-derechos-de-carabineros-y-sus-esposas/noticias/2010-01-20/222405.html

El Estado suscribió ayer un acuerdo de solución amistosa con 12 ex funcionarios de Carabineros que fueron dados de baja por una manifestación realizada en 1998 por sus cónyuges, quienes demandaban mejores sueldos para ellos.

El acuerdo fue suscrito en representación del Estado por la subsecretaria de Carabineros, Javiera Blanco; el general subdirector de Carabineros, Gustavo González, y la directora de Derechos Humanos de la Cancillería, Carmen Hertz y consigna el reconocimiento formal por parte del Estado de la violación de sus derechos humanos y se tradujo en una disculpa formal por parte del gobierno, la limpieza de sus antecedentes, la revisión de todo el reglamento de calificaciones de Carabineros y una indemnización de US$17 mil para cada funcionario y US$3.000 para su respectiva esposa.

Sergio Espejo, representante de Interés Público, fundación que asesoró legalmente a los afectados, dijo ayer que el acuerdo envía dos mensajes claros; “Los carabineros al igual que otro funcionario tienen derecho a ser evaluados por sus superiores de manera imparcial. En segundo término, las mujeres de cada funcionario no son de segunda categoría y tienen derechos a ejercer sus libertades sin estar sujetas al control de sus esposos ni de la institución a las cuales ellos pertenecen”, señaló el abogado.

MUJERES PROTESTARON

Los hechos se remontan al año 1998, cuando un grupo de 12 mujeres casadas con funcionarios de carabineros fueron reprimidas y procesadas por la justicia militar luego de realizar manifestaciones públicas motivadas por los bajos sueldos de sus esposos.

La acción motivó que la institución diera de baja a los funcionarios, situación que posteriormente fue revisada en Washington por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Dicha organización determinó que tanto oficiales como sus cónyuges tuvieron un proceso de calificación arbitrario y contrario a los derechos que les otorgan tratados internacionales suscritos por nuestro país.

Los afectados demandaron al Estado por violar sus derechos de garantías judiciales, protección de la honra y dignidad, protección de la familia, derecho a la igualdad ante la ley y la protección judicial.

Más información sobre esta noticia en:

http://www.ipublico.cl/noticias/2010/01/estado-de-chile-reconoce-violacion-de-derechos-humanos-en-contra-de-ex-funcionarios-de-carabineros-y-de-sus-conyuges/

http://www.chilevision.cl/home/index.php?option=com_content&task=view&id=228925&Itemid=180

http://www.chilevision.cl/home/index.php?option=com_content&task=view&id=228910&I%20temid=81

http://diario.elmercurio.cl/2010/01/21/nacional/nacional/noticias/4362ff38-b324-46d9-badd-da7e8427083b.htm

http://www.radio.uchile.cl/notas2.asp?idNota=58698

http://www.24horas.cl/videos.aspx?id=31109&tipo=27

http://www.adnradio.cl/nota.aspx?id=941066

http://www.radiobiobio.cl/2010/01/20/el-estado-llega-a-acuerdo-con-carabineros-dados-de-baja-luego-de-que-sus-esposas-protestaran-por-bajos-sueldos-en-1998/

http://www.amnistia.cl/web/ent%C3%A9rate/reconocen-violaci%C3%B3n-de-derechos-de-carabineros-y-sus-esposas

martes, 15 de diciembre de 2009

Blog Apuntes de Orlando Jorge Mera

Elecciones de Chile vistas por Sergio Espejo
Artículo correspondiente al Sábado 12 de Diciembre de 2009


La elección de este domingo se vive en un ambiente marcado tanto por la incertidumbre sobre sus resultados como por la falta de dramatismo con que - al menos aparentemente - la mayoría de los chilenos parece acercarse a ella. Se trata de la primera elección que enfrentamos tras la muerte de Pinochet, la primera en que la coalición de gobierno vive deserciones que se convierten en candidaturas alternativas y la primera en que las encuestas resultan favorables al representante de la derecha opositora.

En ese contexto, la segunda vuelta electoral que se realizará durante la primera quincena de enero sí será una prueba de nervios. Dado que nadie duda que el candidato de derecha será uno de los dos competidores en esa ocasión, el representante de la centro izquierda - que en mi opinión será el ex Presidente Frei - deberá ser capaz de un ejercicio extraordinariamente difícil: demostrar a quienes consideran que la coalición gobernante ha cumplido su ciclo y se ha agotado, que existe espacio para liderar un proyecto que no sólo impida el acceso de la derecha al gobierno, sino además reconecte a Chile con la ruta de la modernización económica y la equidad social. Yo creo que eso es posible.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Columna Revista Capital

Cuadrar el círculo

Artículo correspondiente al jueves 10 de diciembre de 2009


En un mundo globalizado, cuando nuestras empresas fallan, es Chile el que falla. La ley de nueva institucionalidad ambiental da pasos positivos en esta dirección. Será necesario difundirla mucho más.


Son gran ojo periodístico, Capital ha sido persistente en presentar durante 2009 distintas facetas de la discusión ambiental nacional e internacional. Se trata de una cuestión clave para nuestro desarrollo, cruza fronteras geográficas y políticas y a su respecto existe además controversia científica. Por mi parte, en columnas anteriores he procurado mostrar de qué manera el elevar nuestros estándares ambientales es condición indispensable no sólo para mejorar la calidad de vida de los chilenos, sino también para competir con éxito en los mercados internacionales.

Sin embargo, es necesario reconocer que avanzamos intentando cuadrar el círculo.

Por un lado, ¿cuáles son los estándares ambientales que deberemos cumplir para poder competir? En medio de serias dificultades para alcanzar un acuerdo internacional post Kyoto que controle las emisiones de gases de efecto invernadero, las exigencias resultan una combinación compleja de regulaciones domésticas, modelos comerciales y acuerdos internacionales.

No es fácil moverse en este escenario. Hace pocos días, exportadores de choritos en Chiloé (el mundo real de nuestra small open economy) me describían los malabares que tienen que hacer para mantenerse al día con las exigencias de sus mercados de destino, la mayor parte en Europa. Lo más impresionante es que su preocupación no era ni siquiera poder cumplir con esas exigencias, sino lograr conocer con claridad y anticipación cuáles eran éstas.

Por otro lado, nuestra regulación ambiental –en aquello en que la tenemos– está compuesta por una gran variedad de normas sectoriales, fiscalizadas por diversas instituciones públicas que habitualmente actúan aplicando criterios mutuamente divergentes.

Para resolver esta situación y siguiendo las mejores prácticas internacionales, hemos aprobado hace pocos días el proyecto de ley que crea el ministerio del Medio Ambiente, la Superin-tendencia y el Servicio de Evaluación Ambiental. Les seguirá en un plazo razonable el Tribunal del Medio Ambiente.

Soy un firme partidario de esta reforma. Pero, ¿se imagina usted la magnitud del ejercicio de adaptación que nuestra economía deberá vivir en un contexto de incorporación progresiva –necesaria, por cierto– de normas de emisión y calidad, así como de incremento en la fiscalización ambiental?

Frente a estos desafíos, me parece importante que no escondamos la cabeza bajo la tierra, al modo del avestruz, ni intentemos cuadrar el círculo minimizando la complejidad de la tarea.

En primer lugar, intuyo que estamos dejando que los costos de la adaptación productiva sean problema de todos y, por lo tanto, de nadie. Esto no tiene lógica. Si creemos que esta adaptación es no sólo necesaria sino además costosa, así como sabemos que ella impactará en la línea de flotación de empresas y empleos, ¿no deberíamos conversar sobre la forma en que la financiamos y los plazos necesarios para ello?
En segundo lugar, ¿realmente creemos que esta adaptación productiva es posible sin avanzar más en la modernización del principal encargado de diseñar y ejecutar dichos estándares, el Estado? La nueva institucionalidad ambiental no será respuesta suficiente. ¿O se imagina usted el relanzamiento de la actividad acuícola nacional con la misma precaria institucionalidad pública que, en combinación con la falta de prolijidad de algunos privados, hizo posible la crisis de la salmonicultura?

Por último, ¿seguiremos creyendo que es posible una estrategia de desarrollo ambientalmente sustentable sin revisar los enfoques tradicionales de la acción pública? Mi impresión es que el objetivo político debe ser facilitar y estimular la adaptación productiva y el cumplimiento normativo. Es decir, nivelar hacia arriba, adoptar un enfoque de acción y fiscalización preventivo antes que punitivo. Es obvio que parte importante de nuestras empresas está fuera de estándar. Muchas de ellas, por falta de conocimiento o de financiamiento. Entonces, ¿acaso no constituye un objetivo de país empujarlas en la dirección correcta en vez de tranquilizar nuestra conciencia amparándonos en la consigna de que el Estado sólo debe preocuparse de fiscalizar y los privados de cumplir la normativa? En un mundo globalizado, cuando nuestras empresas fallan, es Chile el que falla. La ley de nueva institucionalidad ambiental da pasos positivos en esta dirección. Será necesario difundirla mucho más.

Chile ha enfrentado pruebas más difíciles. Estoy seguro de que superará esta con éxito. Pero primero tenemos que renunciar a intentar cuadrar el círculo.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Columna Revista Capital


Houston, tenemos un problema
Artículo correspondiente al jueves 15 de septiembre de 2009

A meses de la cumbre de Copenhague, las potencias anuncian nuevas exigencias ambientales para la comercialización de productos. ¡Esos son nuestros mercados! ¡Esos son los estándares que nuestros productos deberán cumplir!

Los seres humanos amamos los símbolos. Se trata, entre otras cosas, de un mecanismo que nos permite resumir o sintetizar de manera simple, en imágenes o conceptos, ideas, aspiraciones o procesos más complejos.

Para el movimiento ambientalista y para todos aquellos con interés en las cuestiones medioambientales, uno de esos símbolos clave ha sido hasta ahora –casi como un mantra– la palabra “Kyoto”. Pero ya no más. Meses antes de que la próxima conferencia de Naciones Unidas sobre cambio climático tenga lugar en la ciudad danesa que lleva ese nombre, “Copenhague” es el nuevo símbolo ambiental mundial. Entre el 7 y el 18 de diciembre próximo, jefes de Estado, ministros, expertos y representantes de la sociedad civil de 192 países se reunirán para concordar los objetivos y acciones necesarias para combatir el calentamiento global.

La candidez insular que nos caracteriza lleva a muchos a preguntarse qué tiene que ver esto con nosotros. ¿No se realizan permanentemente decenas de conferencias internacionales cuyos efectos prácticos son casi inexistentes? Y aún si la conferencia fuera exitosa, ¿acaso no es cierto que países como el nuestro, cuya capacidad de producir emisiones de gases de efecto invernadero es todavía limitada, se encuentran liberados de la obligación de comprometerse con metas de reducción de emisiones? Incluso más: si uno de los principales productores de gases de efecto invernadero, Estados Unidos, ha evitado suscribir los compromisos de Kyoto, ¿por qué Copenhague debiera significar un cambio relevante de las condiciones y exigencias que ya existen hoy?

Eso es no entender nada. Vamos por partes.

Comencemos diciendo que uno de los principales free-riders en materia de calentamiento global, Estados Unidos, vive un cambio de dirección que tendrá impacto profundo en este campo. Por una parte, el presidente Obama ha comprometido la presencia de su país en la conferencia. Me dirán que es sólo un ejercicio diplomático o cosmético. Respuesta equivocada. En sus primeros meses de gobierno, la administración norteamericana no sólo incluyó 100 billones de dólares en gasto verde como parte del plan de estímulo económico, sino que a través de la Agencia de Protección Ambiental declaró al dióxido y a otros cinco gases de efecto invernadero como amenazas a la salud, entre otras medidas. En paralelo, la Cámara de Representantes norteamericana aprobó en junio pasado la American Clean Energy and Security Act, cuyo objetivo es alcanzar para 2020 una reducción de las emisiones de gases con efecto invernadero en un 17% comparándolo al nivel de 2005, y de 83% para el año 2050.

La Unión Europea se ha adelantado a Copenhague con su propio plan: Europa 20/20/20. Se trata de un ambicioso esfuerzo para lograr reducir sus emisiones de carbono en un 20% al año 2020 en comparación con las emisiones de 1990, reducir en 20% el consumo de energía y alcanzar un 20% de producción de energía primaria en base a fuentes renovables, también para el año 2020.

Mientras tanto, sabemos que importantes cadenas de supermercados que operan en Europa y Estados Unidos, como son los casos de Tesco, Casino y Wal-Mart, comienzan a exigir etiquetados ecológicos y, progresivamente, también de huella de carbono a los productos que esperan ser comercializados en sus locales.

Francia dicta la Ley Granelle 2 y establece que a partir de enero de 2011 los alimentos y sus derivados deberán informar sobre las emisiones de gases de efecto invernadero que generaron su elaboración y distribución. La exigencia es un requisito para la comercialización dentro del país de productos domésticos e importados y consagra legalmente la obligación de certificar la huella de carbono. La prensa nos informa, además, que el presidente Sarkozy ajusta los últimos detalles para anunciar un impuesto verde sobre el consumo de combustibles fósiles.

¡Esos son nuestros mercados! ¡Esos son los estándares que nuestros productos deberán cumplir!
Así, resulta imposible no recordar la voz de los astronautas en dificultades diciendo a través de la radio “Houston, tenemos un problema”.

Es cierto, bajo el liderazgo inteligente y tenaz de nuestra ministra de Medio Ambiente, Ana Lya Uriarte, un proyecto de ley que crea una nueva institucionalidad ambiental avanza en el Congreso, un programa de manejo de cuencas hidrográficas se desarrolla en zonas piloto, la normativa para control de emisiones de material particulado fino en nuestras ciudades va tomando forma y el ministerio de Agricultura desarrolla estudios para medir la cantidad de carbono que se libera a la atmósfera en los procesos productivos de los principales rubros agrícolas exportables… pero no basta.

El desafío que enfrentamos demanda un acuerdo político de envergadura, así como un trabajo de estrecha asociación entre agentes públicos y privados. No existe otra manera de permitir el tránsito gradual pero sostenido hacia la economía de baja intensidad de carbono que será nuestra llave de acceso al futuro.
Mientras tanto, seguimos discutiendo sobre el bono de marzo por 40 mil pesos…

jueves, 25 de junio de 2009

Columna Revista Capital

Es cierto, no es muy sexy, pero...
Artículo correspondiente al jueves 25 de junio de 2009
http://www.capital.cl/blog/index.php?p=3105

¿Tiene sentido introducir cambios a la institucionalidad que regula, fiscaliza y fija tarifas a distintas áreas de servicios? Aunque está funcionando con cierto grado de efectividad, yo diría que hacer ajustes sí se justifica.

Hace pocos días fui invitado a comentar una investigación del economista de la Universidad de Chile Aldo González. Su trabajo tiene mérito. Entre otras cosas, porque se anima a abordar una de las temáticas menos sexy de los últimos años: la institucionalidad de los organismos que regulan las tarifas de los sectores eléctrico, de telecomunicaciones y de agua potable. Y eso es valioso porque, haciendo honor a la mejor tradición de la academia, nos invita a poner atención no sólo en lo urgente sino también en lo importante.

Un acierto del trabajo, me parece, es reconocer la efectividad que ha demostrado en el tiempo una institucionalidad que combina de manera poco ortodoxa arquitecturas institucionales variadas.

Un acierto del trabajo, me parece, es reconocer la efectividad que ha demostrado en el tiempo una institucionalidad que combina de manera poco ortodoxa arquitecturas institucionales variadas.

¡Qué decir de las interacciones entre los ministerios de Economía, Transportes y Telecomunicaciones y Obras Públicas! Una coordinación que puede convertirse en verdadero ejercicio de prestidigitación.

Y sin embargo, como nos diría Galileo, “se mueve”. Parecen funcionar al menos sus tareas más fundamentales. Entonces, ¿tiene sentido introducir cambios?

Yo creo que sí.

Las “cuestiones orgánicas” tienen importancia. La misma oposición, siempre renuente a incorporar estas variables en su análisis, hoy lo reconoce como necesario. ¿Qué otra cosa si no es el anuncio de eliminar la Secretaría General de Gobierno y crear un nuevo ministerio social? Es un esfuerzo por mejorar el “músculo” destinado a diseñar y ejecutar políticas que se consideran prioritarias.

Lo mismo ocurre en regulación de servicios básicos. ¿Por qué? En primer lugar, porque la variedad de diseños institucionales que conviven genera barreras de entrada para nuevos actores. Si queremos más inversionistas, nacionales y extranjeros, en sectores intensivos en inversiones y con niveles crecientes de competencia –como ocurre en telecomunicaciones–, la simplicidad de las reglas y de la arquitectura institucional que las sostiene es fundamental.

Concuerdo en esto con González. Superintendencias con funciones de regulación y fiscalización, cuyos directivos sean designados como parte del sistema de Alta Dirección Pública, parecen razonables no sólo para servicios sanitarios, como hoy ocurre, sino también para energía y telecomunicaciones.

En segundo lugar, no veo razón para mantener diluidas las responsabilidades de formulación de políticas en tres ministerios copados por múltiples otras tareas. En vez de mantener al ministerio de Economía como recipiente de aquello que no sabemos dónde va, sugeriría concentrarlo en lo que sabe hacer mejor: políticas de regulación de servicios y fomento productivo. Eso significa que las superintendencias de los tres sectores pasen a relacionarse con el gobierno a través de este ministerio. Fin de las dobles dependencias. El mismo ministerio puede además hacerse cargo, esta vez como complemento de sus tareas de política, de los diversos programas de fomento que existen asociados a estos servicios.

En tercer lugar, aún podemos mejorar la relación entre los reguladores sectoriales y los organismos de defensa de la libre competencia. Al menos dos cuestiones atraen de inmediato la atención. Por una parte, la necesidad de articular inteligentemente los objetivos sectoriales de nuestros reguladores, típicamente asociados a asegurar el financiamiento de inversiones eficientes, con la necesidad de evitar normas o prácticas que debiliten o impidan la competencia. Por otra parte, el desafío de evitar que en el ejercicio de sus denominadas funciones no contenciosas, el Tribunal de Defensa de la Libre Competencia dicte instrucciones que por falta de información o conocimiento de los mercados pueden resultar innecesarias, de escaso efecto o de difícil fiscalización.

Finalmente, es tiempo de asumir que nuestros reguladores requieren de mayor flexibilidad para contratar y retener profesionales de primer nivel. La gran calidad de muchos de quienes hoy, con vocación e inteligencia, desempeñan estas tareas no puede inhibirnos de reconocer el desborde cotidiano a que se ven enfrentados, dada la multiplicidad y complejidad de los desafíos que deben abordar.

Es cierto, no es sexy… ¡pero cómo ayudaría!

martes, 19 de mayo de 2009

Columna Revista Capital

Bienvenida, Doña Juana
Artículo correspondiente al Jueves 14 de mayo de 2009

Ya no es la señora Juanita la figura atractiva que reinaba en el imaginario del mundo vertical y paternalista. Hoy nos relacionamos con Doña Juana. Con mayúsculas y sin diminutivos. Quizás con la misma apariencia frágil, pero que no titubea en ejercer sus derechos cuando percibe qué es lo justo y dispone de los medios para hacerlo.

Resulta difícil olvidar la imagen y el tono del presidente Lagos, con ese paternalismo que parecía garantizar que todo iba a estar siempre bien, haciendo referencia a “la señora Juanita”. De un día para otro, el personaje pasó a formar parte de nuestro lenguaje coloquial. Confieso que la misma señora Juanita cobró corporeidad en mi imaginación como una combinación perfecta entre la apariencia bondadosa de mi abuela Jesús y la fragilidad de las abuelitas que en el colegio o en diversas etapas de mi vida conocí en hogares de ancianos y clubes de adultos mayores.

Más allá de la anécdota, no puedo evitar asociar a la señora Juanita con un país vertical en el cual unos, que se encuentran en situación de preeminencia sobre otros, califican las dificultades que estos últimos puedan estar viviendo como inaceptables y toman, eventualmente, la decisión de intervenir para modificar ese estado de cosas.

Es cierto que resulta mejor la vida en una sociedad en la cual los “privilegiados” están dotados de una conciencia ética y una propensión a la justicia que tiende a minimizar las inequi-dades, versus aquella en la cual éstos sólo destilan egoísmo. Pero también lo es que resulta mucho más atractiva, al menos para mí, una sociedad democrática que reconoce la igualdad de quienes la componen y entrega consecuencialmente a cada uno de sus miembros los instrumentos necesarios para ejercer y tutelar los derechos que esa igualdad irroga.

Tímidamente, a la chilena podríamos decir, nuestro país comienza a desplazarse desde el primero hacia el segundo orden. Así las cosas, ya no es la señora Juanita la figura atractiva que reinaba en el imaginario del mundo vertical y paternalista en el que hemos estado acostumbrado a desenvolvernos.

Hoy más bien nos relacionamos con Doña Juana. Con mayúsculas y sin diminutivos. Si así lo desea, conserva la mirada bondadosa y la apariencia frágil, pero no titubea en ejercer sus derechos cuando percibe qué es lo justo y dispone de los medios para hacerlo. No pide permiso, para luego agradecer, si una entre tantas conciencias políticas bien dispuestas ha considerado pertinente ayudarla. Más bien desconfía de sus representantes políticos y comienza a identificar y utilizar los instrumentos que le permitan, sin intermediaciones, ejercer y proteger sus derechos.

Veamos lo ocurrido estos días a propósito del caso La Farfana. El año 2004, alrededor de 500 vecinos de las Villas Jahuel 1 y 2 de Maipú recurrieron a la justicia denunciando que la planta de tratamiento de aguas servidas había emitido durante largo tiempo olores insoportables por defectos en el proceso de tratamiento de lodos. ¿Se imagina usted la vida en esas condiciones? Molestias, dolores de cabeza, vergüenza de vivir en un lugar crecientemente estigmatizado. Fueron los propios vecinos los que decidieron actuar y lo hicieron sin esperar mediaciones políticas, que en su momento fueron insuficientes y lentas.

Hace pocos días, el 18° Juzgado Civil determinó que la empresa propietaria de la planta de tratamiento deberá cancelar 2.500 millones de pesos como indemnización. Es decir, alrededor de 5 millones para los 500 afectados por los olores insoportables emanados desde la planta.

Y en las imágenes de televisión, al comentar el fallo y anunciar su apelación para reivindicar el derecho a mejores compensaciones, ya no estaba la señora Juanita. Allí estaba Doña Juana, sin complejos, ejerciendo el derecho a una dignidad que tantas veces le han dicho debe esperar. Estoy seguro de que en el caso de La Farfana y en el rol que en él ha cumplido Doña Juana encontraremos las claves correctas para proyectar lo mejor de Chile.

Conozco a Doña Juana. Como ministro la vi reclamar indignadamente sus derechos. Pero también tuve el privilegio de descubrir en ella esa rara disposición a mirar la realidad de frente, a intentar comprender la naturaleza real de los problemas más allá de las respuestas simplistas y a soportar la adversidad cuando se entiende la complejidad de una tarea.

En pocos meses más elegiremos un nuevo presidente y renovaremos la mayor parte del Congreso Nacional. Día tras día me parece escuchar mensajes dirigidos a la señora Juanita. Cuidado. No es que ella no escuche. Es que quizás ya no está aquí.

Adiós, señora Juanita. Bienvenida, Doña Juana.

martes, 7 de abril de 2009

Acuerdo FASA-Fiscalía bajo la lupa de ex integrantes de la Comisión Resolutiva

Diario Financiero
Lunes 6 de abril de 2009
Por María Fernanda Gana A.
http://www.df.cl/portal2/content/df/ediciones/20090406/cont_109364.html 

Las visiones encontradas entre El abogado Sergio Espejo y el economista Francisco Labbé

Opiniones encontradas surgieron entre los ex integrantes de la desaparecida Comisión Resolutiva Antimonopolios  respecto del acuerdo que la Fiscalía nacional Económica (FNE) alcanzó con FASA en el marco de la investigación por supuesta colusión de precios entre las principales cadenas farmacéuticas del país.

El abogado Sergio Espejo, quien entre 2000 y 2002 presidió la Comisión Preventiva y luego integró la Resolutiva, hasta su desaparición en 2004, cuando dio paso al Tribunal de Defensa de la Libre Competenecia (TDLC), considera que la conciliación ayudó a despejar el caso y de paso permitió acelerar el trámite del proyecto que eleva las facultades de la FNE.

“La Fiscalía cuenta hoy con un fuerte elemento de prueba con el que no contaba antes y, por otro lado, sin perjuicio de lo que ocurra en este caso, el avance en el Congreso de las normas que fortalecen el actuar de la FNE será un instrumento muy importante para evitar que estas prácticas se repitan”, explicó.

Agregó que si este caso se hubiera dado en tiempos de la Comisión Resolutiva, probablemente todo el proceso habría sido distinto.

“Es muy difícil que en la Comisión Resolutiva las cosas hubieran sucedido como ahora, porque se trataba de una institucionalidad precaria, basada en una participación ad honorem de las personas,  haciendo el trabajo con parte de un tiempo que finalmente no destinanábamos a nuestras funciones principales”, apuntó.



¿Colusión o “efecto manada”

“El hecho de que FASA se haya declarado culpable, no asegura que lo sea, pues si tengo que elegir entre pagar una multa de US$ 15 millones  o ahorrarme buena parte de esa cantidad, pareciera mejor declararse culpable”.

Esa es la visión del economista Francisco Labbé, que participó en la Comisión hasta 2004, quien estima que tanto como colusión, la conducta que investiga la FNE también podría corresponder a lo que se denomina “efecto manada”, donde basta que un actor suba los precios para que el resto lo siga. “Es cosa de ver el mercado de las AFP donde lo que hace Provida, que es la primera del mercado, es seguido por los demás”, aclaró.

A su juicio, el hecho de que haya igualdad de precios, no significa que necesariamente exista colusión.

Labbé agregó que el requerimiento de la Fiscalía se convirtió en un “incentivo” para que FASA o cualquiera de las otras dos cadenas llegara a una conciliación, aunque efectivamente pudieran no estar coludidas.

En este punto, señaló que en primer término “jamás se debió permitir la fusión de Salco y Brand” (2001) y que las tres controlaran el mercado, lo que -dijo- hace que el TDLC y la FNE sean las culpables de la situación actual.

jueves, 26 de marzo de 2009

Espejo: “Debe aprobarse la ley de delación compensada”


Diario La Nación
Jueves 26 de marzo de 2009
Por Álvaro Medina / La Nación


El ex ministro de Transportes y ex integrante de la Comisión Resolutiva Antimonopolios, Sergio Espejo, actualmente se desempeña como profesor de Industrias Reguladas en las escuelas de Economía de la Universidad de Chile y de la Universidad Adolfo Ibáñez.

Desde esa posición, es drástico al afirmar que la colusión es un atentado gravísimo a la librecompetencia y que la solución a este problema está en un proyecto de ley que se discute en el Congreso.

¿Por qué es posible que ocurra este tipo de concertación de precios en Chile?
En las economías de mercado, en todas ellas, es posible apreciar esfuerzos de algunos agentes económicos por concertarse para manipular en su beneficio el sistema de precios. Por eso es crucial la institucionalidad de defensa de la libre competencia, particularmente en casos como el de la colusión, que debe ser, probablemente, no sólo la conducta más grave en contra de la libre competencia, sino también la más difícil de probar.

¿Es sostenible la versión de FASA en orden a que los responsables de esta colusión fueron "algunos" ejecutivos y no la compañía?

A mí me parece que eso es enteramente irrelevante. El requerimiento de la Fiscalía Nacional Económica se dirigió contra compañías, contra personas jurídicas. Son ellas quienes han aportado antecedentes, negado su participación y son, por tanto, ellas las que deben responder en esta fase jurídicamente frente a este ilícito.

¿Qué debe ocurrir en Chile para evitar que esta situación se repita?

Me parece que esta conciliación, este acuerdo, es una advertencia muy importante a quienes se oponen la aprobación en el Congreso, de la norma que permite la delación compensada, por atentados contra la librecompetencia. La delación compensada es el instrumento que en Estados Unidos, en la Unión Europea, en el caso de nuestra región, en México, en Brasil, en la República del Salvador, sirve para un desincentivo eficaz de las prácticas colusorias. No podemos esperar la buena voluntad de una compañía o que siga pasando tiempo para contar con los instrumentos más eficaces para prevenir este tipo de hecho.

viernes, 23 de enero de 2009

Columna Revista Capital

La crisis y el medio ambiente
Artículo correspondiente al Jueves 22 de enero, 2009

Es evidente que la inevitable tensión entre actividad productiva y medio ambiente se verá acrecentada en esta etapa.

Nos hemos acostumbrado a escuchar que la protección del medio ambiente y las exigencias asociadas a la competitividad y al desarrollo económico son incompatibles. Cuando afirmar aquello resulta políticamente incorrecto, se recurre entonces a la idea de que las cuestiones ambientales son parte de un catálogo de valores propio de países más desarrollados que el nuestro. Chile tendría que preocuparse prioritariamente de crecer. Luego vendría el tiempo de preocuparse del medioambiente. No es necesario ser adivino para prever que los argumentos en esa dirección se verán fortalecidos en lo que queda de una crisis económica que aún tiene largo camino por recorrer.

Me parece un error.

La protección del medio ambiente ya no es una opción. Es una condición esencial para asegurar estándares de calidad de vida básicos para nuestra población, permitir a nuestra economía insertarse exitosamente en el mundo y reconectar a los chilenos con su democracia.

Pero tampoco podemos ser ciegos. Es evidente que la inevitable tensión entre actividad productiva y medio ambiente se verá acrecentada en esta etapa. Por eso debemos anticiparnos a construir acuerdos técnicos y políticos en aquellas materias en que esta tensión pueda ser atenuada y canalizada positivamente.

Por ahora, planteo sólo tres cuestiones en esta dirección.

El primer desafío es superar el provincianismo que nos hace creer que nuestras decisiones y conductas como país sólo nos competen a los chilenos. Eso no sólo es infantil sino, además, irresponsable. Cuando los delegados a la Conferencia ONU sobre Cambio Climático se reúnan a fines de año en Copenhagen, definirán regulaciones que afectarán nuestra oferta de productos y servicios. No nos engañemos. Aun cuando esa conferencia termine en punto muerto, es sólo cuestión de tiempo para que nuevas y más estrictas exigencias en materia de emisiones de carbono entren en vigor. Y cuando ello ocurra, ¿alguien podría sostener seriamente que los países más desarrollados que constituyen mercados de destino para nuestros productos, aquellos que diseñarán y se someterán a estas mayores exigencias, no las harán también efectivas respecto de Chile? Esto, obviamente, sin mencionar el próximo ingreso de nuestro país a la OECD.

Conocer y adaptarse a este “entorno regulatorio global” será una exigencia central de los próximos años.

En segundo lugar, es indispensable abordar cuanto antes la debilidad normativa del sector. Contrariamente a lo que pudiéramos creer, lo que se ha multiplicado en el país no es la regulación ambiental propiamente tal, sino que las decisiones administrativas sectoriales con impacto ambiental. Es lo que un abogado experto en materias administrativas definía como una regulación “episódica”.

En buen chileno, eso significa que lejos de construir un piso de regulación consistente y técnicamente sustentable, lo que tenemos es una gran variedad de instituciones públicas que siguen dictando normas con impacto ambiental sin ninguna exigencia de coherencia o coordinación. El resultado es lamentable desde el punto de vista de la protección del medio ambiente y también lo es desde el punto de vista de la actividad económica. El proyecto de ley que reforma la institucionalidad ambiental busca enfrentar parcialmente esta cuestión, pero es insuficiente. Finalmente, el debate ambiental no podrá eludir las exigencias crecientes por participación ciudadana. Cuando uno de cada cuatro proyectos aprobados o en tramitación en el Sistema de Calificación Ambiental presenta algún conflicto con la comunidad, la señal es demasiado potente. La principal advertencia aquí es que eludir este tema, apostando a resolverlo caso a caso, sólo puede resultar más caro para quienes quieran emprender e inútil para proteger el medio ambiente.

Aún más: eludir el debate en torno a la participación ambiental es un camino seguro a aumentar el distanciamiento de las personas con su democracia y con el valor de lo público y la política. Es obvio. Las personas exigen cada vez más del sistema político, y mientras esperan trabajo y condiciones laborales adecuadas, también demandan que sus familias crezcan y se desarrollen en un ambiente sano.

A menos de un año de las próximas elecciones presidenciales y parlamentarias, los chilenos debemos comenzar a debatir sobre estas cuestiones. Ellas no serán sólo importantes durante la crisis. Se trata, probablemente, del que será uno de los debates centrales durante las primeras décadas de este siglo: cómo potenciar nuestra capacidad productiva protegiendo la calidad de vida de las personas y el entorno en que vivimos.